Reseña: Adaptation (2002) de Spike Jonze

Yo te la recomiendo porque…

¿Por dónde comenzar? Por los temas que se tocan: amor, cambio, vida, muerte, soledad, todo, absolutamente todo; por la ironía sobre la propia historia y otra que vendría luego (Anomalisa, 2015) respecto a la importancia del último acto; por la vinculación preexistente que había entre la única canción usada y mencionada y lo que pasó con cierto idiota insensible; por el oficio del escritor neurótico, que no deja de pensar en lo mismo una y otra vez, como la uróboros; por el cine, Joan; por los distintos niveles de significado en los que se puede entender el título de la historia; por una confesión estúpida e innecesaria: estoy escuchando una y otra vez «Happy Together» mientras pienso y re-pienso qué debo decir al mismo tiempo que intento ser espontáneo… Supongo que no importa el orden, sino que los mencione todos.

A.

Decía Marx (dirán que eres un pretencioso que se la quiere dar de culto, como Woody Allen; pero no tengo opción, maldita sea, no puedo apropiarme de sus palabras), en su tesis doctoral, lo siguiente:

Muerte y amor son los mitos de la dialéctica negativa, porque la dialéctica es la interior y sencilla luz, el penetrante ojo del amor, el alma íntima, no oprimible por el cuerpo de la disgregación material; es el lugar interno del espíritu. Así que su mito es el amor; mas la dialéctica es también la arrebatadora corriente, que destroza pluralidad y sus límites; que desecha figuras independientes, sumergiendo todo en el mar uno de la eternidad. Su mito es, pues, la muerte. Mas es la muerte de manera que, a la vez, sea el vehículo de la vida, del desplegarse en los jardines del espíritu, el desbordarse en las espumantes copas de soles punctuales, de lo que brota la flor del único fuego del espíritu. (p. 208 en la traducción de Juan David García Bacca)

¡Maravilloso, genial, estupendo! Ahora tendrás que dar contexto para que se entienda por qué le citas a él precisamente y por qué esa obra en especial. Pero no puedes hacerlo, no puedes abreviar todo lo que te ha costado dos semestres entender de manera superficial. Y si reciclas las palabras que ya le has dedicado al tema, pensarán que es cualquier cosa menos una reseña sobre una película, idiota.

El cambio, pues, se explica teniendo en cuenta la «oposición correlativa». Vida y muerte, amor y soledad, no pueden estar uno sin el otro ya que uno implica la presencia del otro y su común atracción: lo que los separa es en realidad aquello que los une ―su diferencia, en la negación mutua (su oposición), pasa a ser su identidad, por lo que no podría hablarse del uno sin hacer referencia al otro: polo sur y polo norte, por dar otro ejemplo―. Es en este sentido que tanto Kaufman y su dificultad constante por acercarse al género opuesto (por lo que debe recurrir a las fantasías y a la masturbación como sustituto; igual que tú mismo, Joan) como Laroche y su necesidad de ser amado sinceramente son un reflejo de esta escisión, de este desgarramiento constante que caracteriza al mundo y al hombre; porque, aunque se quiera alegar lo contrario por cortesía o curiosidad, la oposición correlativa no sustenta nuestra idea de cambio, sólo sirve de algo para quienes creían que la «dialéctica negativa» (la crítica, la ironía) podía explicar tanto la lógica de la cosa (Marx) como la cosa de la lógica (Hegel)…

B.

McKee le dice a Kaufman, en un momento clave, que el éxito de una historia se sustenta básicamente en el último acto de la misma. Si es lo suficientemente bueno, deja entrever, entonces todo irá viento en popa; pues la magnanimidad del «final con broche de oro» permitirá que se pasen por alto las pequeñas fallas de aquí y allá. Exactamente lo que pasó con esta historia en particular, que me había dejado de gustar a partir de cierto giro inesperado, y que al sonar «Happy Together» hizo que me olvidara de aquello que me había desagradado. Decía que esto era irónico (no en el sentido filosófico que le da Marx, claro está) pues, a pesar de que la parte menos consistente de Adaptation sea justamente el cómo termina, en Anomalisa el final es lo único que la redime de decir «he perdido una hora y media viéndola».

C.

Sobre la neurosis no creo que valga la pena extenderse, no sólo porque es un término en desuso (pues fue concebido originalmente en su relación con el psicoanálisis) sino porque, además, la indiferencia selectiva que caracteriza nuestra naturaleza nos lleva a no interesarnos por aquello que no nos es propio en cierta forma, y, más aún, aunque nos apasione (como a Laroche las orquídeas) no podemos comprenderlo si no forma parte ya de nuestra condición (dicho de forma más cruda: sólo quien tiene cáncer puede apreciar la vida como quien también lo padece). Eso sin contar que no soy ningún experto en el tema, y si suelo reconocer a quienes piensan en círculos es porque soy uno más de ellos.

D.

Sobre el título de la historia, este puede entenderse desde varios puntos de vista: (1) literal, es decir, la re-creación de una novela en forma de filme; (2) el proceso principalmente interno de llevar a cabo (1) en cuanto se enfoca la labor del guionista; (3) el deber ser de (1) y (2), pues, si es posible es mejor conocer al autor original e involucrarlo en la historia, aparte de reconocer la importancia del autor secundario; (4) el cambio, es decir, la vida y la muerte, el amor y la soledad, todos los opuestos en relación, la crisis, el drama que da pie a la realidad.

Vale mencionar, por otro lado, que «adaptación» es un término que no aparece más de tres o cuatro veces en toda la historia, y con un tiempo considerable de otros diálogos y voz-en-off en medio. Por lo que no se abusa y desgasta la sensualidad y el poderío de la palabra repitiéndola hasta el hartazgo (como sí sucede en Collateral Beauty, 2016).

E.

Todo el tiempo que he gastado escribiendo esto se ha repetido una y otra vez «Happy Together», y es casi una tortura ya.

Hace algunos años me encantaba y llegué a dedicársela a uno de los pocos que ha intentado leerme pacientemente; como lo nuestro no tuvo razones suficientes para darse como imaginábamos cada quien siguió con su vida por su lado. No fue hasta hace poco que noté que él le dedicó esa canción precisamente a quien finalmente se había entregado. De modo que, tal parece que los recuerdos y las personas que están asociados a ciertos versos son completamente reciclables, al menos para él. Por ello no había vuelto a escuchar a The Turtles, me hacía pensar en su «vivieron felices para siempre» apropiándose y prostituyendo lo que le llegué a cantar y grabar alguna vez con sincero sentimiento. Pero ahora se ha vuelto aún más insoportable porque la repetición constante (con el único propósito de permitir una mayor concentración) ha provocado que pierda su antigua delicadeza.

No tengo nada en el estómago, tengo frío y estoy solo. La estúpida canción sigue sonando y provoca náuseas. Otra noche cualquiera…

Calificación

(pendiente)

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